| Entre Iraníes, zetas y saudis te veas. |
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Por. Joaquín Ortíz ¿Quién es Manssor Arbabsiar? Hasta donde se sabe, es el extremista que planeaba el asesinato del embajador saudita en EU, se entrevistó varias veces con un presunto sicario zeta. Sin embargo, CS-1 resultó ser, no un agente de la DEA, sino un simple soplón acusado de narco. ¿Qué sabe de explosivos? “Sé usar C-4”, dijo. Y así arrancó la negociación entre Arbabsiar y un presunto sicario de Los Zetas. Era el 24 de mayo de 2011 y ambos hombres se encontraron en Reynosa para discutir el asesinato del embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, Adel Al-Jubeir. Arbabsiar había conocido al narcotraficante mexicano en los meses previos, durante un viaje de negocios al norte del país. De alguna forma trabaron buena relación y el primero terminó por confiarle al segundo una operación de alta sensibilidad: la instalación de una bomba en un concurrido restaurante de Washington para eliminar al diplomático saudí. “Voy a necesitar al menos a cuatro muchachos para que me acompañen”, dijo el narco mexicano. “¡No me importa cómo lo haga!”, señaló Arbabsiar. El supuesto terrorista no sabía que estaba siendo grabado y que el narcotraficante al que había decidido contratar como asesino no era lo que aparentaba. En realidad, no era ni zeta ni sicario. Era un informante en la nómina conocido por su nombre clave de CS-1 (Confidential Source One), un chivato al que la DEA tenía en el bolsillo desde hacía varios años, después de retirarle los cargos por venta de drogas en una Corte estatal de Texas bajo la condición de convertirse en espía.Por su parte, los mandatarios de los dos países se pronunciaron sobre la operación. La solidez de los esquemas de cooperación entre México y Estados Unidos tuvo como resultado que se pudiera detener la conspiración para asesinar al embajador de Arabia Saudita, coincidieron los presidentes Felipe Calderón y Barak Obama. Según un comunicado emitido por la Presidencia de la República, Calderón recibió una llamada de su homólogo estadunidense, quien le agradeció la cooperación para detener a Manssor Arbabisar, un ciudadano iraniestadunidense que ofreció 1.5 millones dólares a un presunto zeta (un soplón de la DEA) para asesinar al diplomático. Por separado, el ex presidente Vicente Fox dijo que la participación del gobierno de México para frustrar un atentado contra el embajador saudita “es una tomadura de pelo”. El Senado se presentó un punto de acuerdo para que las secretarías de Gobernación y de Relaciones Exteriores se reúnan con legisladores para analizar las implicaciones de la alerta mundial emitida por Estados Unidos para la estrategia de seguridad nacional y regional del Estado mexicano. Documentos judiciales obtenidos por el periódico Milenio, ofrecen estos y otros detalles sobre cómo el gobierno de Estados Unidos tejió pacientemente una trampa, un complicado acto teatral, hasta atrapar al iraní en septiembre pasado a bordo de un vuelo México-Nueva York. Presentada esta semana ante la corte federal de distrito en Manhattan, la declaración jurada del agente especial del FBI, Robert Woloszyn arroja pormenores adicionales del caso mediante las transcripciones de algunas conversaciones que sostuvieron Arbabsiar y CS-1 a lo largo de cuatro meses, tiempo durante el que negociaron la muerte a Al Jubeir. De las pláticas entre el iraní naturalizado estadunidense y el narco mexicano surgen datos adicionales: CS-1 es un informante, un criminal en la nómina y no un agente de la DEA ni integrante de Los Zetas; Arbabsiar tenía previsto pagar hasta un millón 500 mil dólares por el asesinato; el método para eliminar a Al-Jubeir sería una bomba y la explosión con la que se pretendía lograrlo tendría que llevarse a cabo sin importar los daños colaterales, es decir, con víctimas inocentes. Para los iraníes, la operación también tenía un nombre clave: Chevrolet. Para construir la acusación, Woloszyn se basó en reportes oficiales de distintas agencias, documentos de viaje, registros financieros, la confesión del iraní tras su detención y, sobre todo, de grabaciones entregadas por el narco mexicano a la DEA, en las que se incluyen conversaciones tanto en persona como vía telefónica con Arbabsiar. De los registros judiciales se desprende que Arbabsiar y CS-1 se reunieron o conversaron en al menos 12 ocasiones entre el 24 de mayo y el 20 de septiembre pasado, ocho días antes de la detención del iraní en el aeropuerto internacional John F. Kennedy. “Después de su reunión del 24 de mayo con Arbabsiar, CS-1 le dijo a los agentes lo que había pasado”, se explica en la declaración de Woloszyn. “CS-1 explicó que Arbabsiar le preguntó si tenía conocimiento alguno con explosivos (…) porque estaba interesado en atacar una embajada de Arabia Saudita. En respuesta y para mantener la conversación, CS-1 dijo que tenía conocimientos sobre el uso de explosivos C-4”. Aparentemente satisfecho con la entrevista inicial, Arbabsiar voló a Irán desde Houston con la noticia de que había encontrado a quien encomendar la operación Chevrolet. El iraní regresó a México el 23 de junio. Permaneció en el país varias semanas y volvió a reunirse en distintas ocasiones con CS-1. El 14 de julio explicó que sus “primos en Irán” le habían dado luz verde para lanzar la operación contra Al Jubeir. Pero para entonces CS-1 ya tenía instrucciones de sus manejadores en la DEA: grabar todo. “Por orden de los agentes, CS-1 hizo una grabación en audio de la reunión en la que se habló en inglés.”
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