| Precondiciones de riesgo. |
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Tal vez, como lo indican las evidencias técnicas y climatológicas, la muerte el otrora secretario de gobernación, José Francisco Blake Mora, se pudo haber tratado de un accidente. Pero las condiciones en las que se gesta una crisis, en muchas ocasiones, tiene que ver más con el análisis de las precondiciones de riesgo, que con la causa. ¿Se evaluó al detalle las implicaciones climatológicas al momento de que despegara la hoy siniestrada aeronave? ¿La agenda de los funcionarios públicos o de los empresarios de primer nivel les coloca en una situación de riesgo, origen de los accidentes? ¿La actitud de los funcionarios públicos o de los ejecutivos que a la luz del poder o del dinero, piensan que no les puede pasar nada es factor para que se gesten situaciones como la que desembocó en la muerte de Blake Mora o del mismo Ramón Martín Huerta, hace algunos años? La Secretaría de Comunicaciones y Trasportes (SCT) informó que las evidencias del siniestro en el que murió Blake Mora y siete personas más revelan por el momento que se trató de un accidente, pues no se hallaron indicios de explosión, además de que el helicóptero se impactó “íntegro” en el cerro de Chalco, Estado de México. “Las revisiones preliminares realizadas por los peritos en el lugar del siniestro no revelan evidencia en los restos de la aeronave de algún tipo de daño causado por explosión o fuego”, precisó el titular de la dependencia federal, Dionisio Pérez-Jácome. De acuerdo con un análisis del patrón de dispersión de los restos del helicóptero, se trató de un impacto en “condiciones normales de vuelo recto y nivelado”, a una velocidad de 200 kilómetros por hora, explicó, por su parte, el director general adjunto de Tránsito Aéreo, Rodolfo Olivares. En conferencia de prensa, ambos funcionarios mostraron la ruta que siguió el helicóptero TPH-06, matrícula XC-UHM, desde su despegue en el Campo Marte hasta la última comunicación con la torre de control. También confirmaron que la aeronave cambió de dirección, debido a problemas de nubosidad. “A las 8:45 horas despegó el Súper Puma del Campo Marte, y conforme fue avanzando su trayectoria, modificó su ruta al sureste. La ruta ideal para llegar a Morelos es hacia Topilejo, pero el piloto optó por ir hacia el sureste, que es una ruta que también se utiliza para llegar a ese destino”, explicó Olivares. Según el reporte climatológico del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, al momento del despegue existían buenas condiciones para realizar el vuelo. “El reporte marcaba 3 millas de visibilidad, que es lo mínimo para operar, así como nubes a 2 mil pies, número superior a (los) mínimos meteorológicos; la reglamentación internacional nos marca mil 500 pies de nubes, por lo que se podía realizar cualquier operación visual en las cercanías del aeropuerto”, explicó Olivares. El vuelo que se dirigía a Morelos no era controlado, lo que implica que los pilotos determinan el rumbo de la trayectoria y, en momentos de adversidad, pueden modificar la ruta original. Además indicaron que los pilotos Felipe Bacio y Pedro Ramón Escobar contaban con licencias vigentes y entrenamiento adecuado, mientras el Súper Puma tenía certificación vigente y recibió mantenimiento el pasado 4 de noviembre, es decir, una semana antes del siniestro. El helicóptero fue fabricado en 1984 y adquirido por el gobierno mexicano en 1987; sin embargo, precisaron que la capacidad de volar con seguridad no se determina a partir de los años de fabricación, sino de las horas de vuelo y mantenimiento. Pérez-Jácome confirmó que se formará un comité de investigaciones conformado por el Estado Mayor Presidencial, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Fuerza Aérea Mexicana, la PGR y especialistas de Estados Unidos y Francia. La conformación de este grupo de análisis fue ordenada por el presidente Calderón. Por su parte, los pilotos que tripulaban el Superpuma siniestrado el viernes estaban certificados y pasaron un riguroso proceso de selección para integrarse a la unidad especial adscrita al Estado Mayor Presidencial, señaló la Sedena. Tuvieron que especializarse en el manejo de esta aeronave para formar parte de la denominada Unidad de Transporte del Poder Ejecutivo Federal, que durante este sexenio se convirtió en el Grupo Aéreo de Transporte Presidencial. Felipe Bacio Cortés, teniente coronel de Fuerza Aérea, acumuló 4 mil 910 horas de vuelo como operador del TPH-06 (Transporte Presidencia Aéreo). Acumulaba 22 años de servicio en el Ejército y Fuerza Aérea mexicanos y era originario de Saltillo, Coahuila. Tenía 32 años de edad. Pedro Ramón Escobar Becerra, teniente de Fuerza Aérea, llevaba mil 404 horas de vuelo y egresó hace 12 años de la Escuela Militar de Aviación. Tenía 32 años de edad y nació en el Distrito Federal. Para integrarse al equipo de traslado presidencial aprobaron 200 horas de vuelo y cumplieron con el requisito de especialización de helicopteristas, sumando más horas de vuelo en el modelo TPH-06. En el accidente también fallecieron el sargento Jorge Luis Juárez Gómez y René de León Sapién. Entonces ahora toca el análisis de las precondiciones de riesgo.
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